Del paraíso íntimo al infierno público: Caucasia y las Fotos

2847
Initimidad WhatsApp Caucasia Antioquia
Foto: elpais.com.uy
-Anuncio-

Se nos está volviendo costumbre: recibimos una foto íntima de una persona cualquiera, y ¡CLARO! esto lo tiene que ver Fulanito de Tal, y con tan sólo reenviar dicha imagen ya hacemos parte de la cadena amarga y prejuiciosa que señala y castiga sin piedad al personaje en cuestión.

¡Volvámonos serios! Se me dificulta entender cómo en pleno Siglo XXI (con todo y lo liberales que decimos ser) sigue alarmándonos ver a una persona desnuda; viringa; encuera, y que al obtener cualquier material gráfico (fotos o vídeos) de ésta, proveniente de ella o algún tercero, empecemos a enviarla a diestra y siniestra, a tal punto que se hace viral y, por poco, se convierte en patrimonio cultural de la Nación. ¿Cual es el afán de exponer a ese alguien ante una sociedad hipócrita y hambrienta de espectáculos mediáticos?

Hace poco una amiga mía sufrió uno de estos casos, su ex-novio hizo públicas algunas fotos íntimas que ella, hace ya un tiempo, le compartió vía WhatsApp. “Ha sido lo peor que me ha pasado” me dice, “No me atrevía a salir ni a la acera porque sentía que la gente me señalaba, algunos me miraban con cara de vergüenza ajena, otros se reían, pero al tiempo salieron fotos de otra niña de acá, y la gente se fue olvidando de las mías… fue de la única manera en que me atreví a volver a salir y reactivar mis redes sociales”

Es triste, y a la vez preocupante que estas situaciones sean motivo de diversión para muchos. Según la Ley colombiana, exponer cualquier tipo de material que atente contra la moral y el buen nombre de una persona es un delito, pero la mayoría de las víctimas prefiere no denunciar, puesto que, en casos así lo máximo a lo que se ve obligado el denunciado es a presentar ‘disculpas públicas’, lo que no sirve de mucho cuando ya un sinfín de gente te ha juzgado, insultado y se ha burlado de ti millones de veces. A todas estas sólo me pregunto ¿hasta cuándo seguiremos viviendo este tipo de casos? Pero como “a cada marrano le llega su diciembre” hasta que no vivamos en carne propia un infierno así, no dejaremos de difundir este tipo de material.

Por: Breyner López.